Hablé con mi ex ayer a las 4 de la tarde, porque después de mucho tiempo me encontraba con alguien que se parecía mucho a él. El problema era que se parecía a él en lo malo, en aquellas cosas que yo quería olvidar.
— Tu eres la persona más importante que ha pasado por mi vida. Yo te quiero mucho. Incluso mi novio se pone celoso cuando le hablo de tí— me dijo con la voz un tanto quebrada,
El tono de la conversación se ha repetido desde que le diagnosticaron VIH positivo unos meses después de que nosotros termináramos.
Creo que lloré varios meses nuestro término. Incluso ayer cuando hablamos recordaba el sentimiento. Incluso cuando supe que él tenía ese maldito virus que declara que la vida se fue definitivamente de las manos.
Ese ha de haber sido uno de los días más tristes de mi vida. A comienzos de año me envió un mensaje de texto: “Seba, tu pajarito tiene VIH, Perdóname. Estoy en el hospital”. Hace un par de meses que no hablábamos. Y como cada uno siempre tiene sus presentimientos, para el día siguiente de saber la noticia yo esperaba tener los resultados del examen. Pero de todas formas ese día lloré.
El Pajarito no quiso seguir. Y yo le amaba tanto que estaba dispuesto a pasar por lo que fuera necesario. Lo esperaba, lo buscaba, hasta que desapareció entre Bokhara y Naxos, por los baños de Bunker, en las calles de Santiago, entre los polvos de todo tipo. Ya no me respondía el teléfono. Días antes de terminar el año me llamó para decirme que había tenido sexo sin condón, que tenía miedo, que estaba triste, pero que aún así quería estar solo y que no pensaba volver conmigo. Nunca volvimos.
Un mes después me preparaba para visitarlo en el hospital de enfermedades infecciosas de Santiago. Era una tarde calurosa en un barrio seco, donde hay que caminar muchos metros para llegar a una puerta pequeña, donde no hay recepción y las visitas soban las paredes, entre aburrimiento y cansancio. En una de las salas, entre sábanas de blanco, estaba acostado, muy delgado, con la cara perdida en una esquina de la habitación. Distante, doloroso, perdido, triste.
— ¡Seba! No pensé que vendrías. ¡Qué haces acá!
Creo que el Pajarito fue de la primera persona que me enamoré, a pesar de sus defectos. Por eso tuvimos sexo sin protección, y por eso me advirtió en el hospital
— Creo que deberías hacerte el examen para que estés bien.
— Ya me lo hice, y salió negativo— le dije y su sonrisa inmediata me pareció verdadera.
— No te lo mereces, esta bien, yo me lo merezco por las cosas que hice. Todo eso da vueltas en mi cabeza —me dijo.
— Te quiero mucho pajarito.
Desde ese mismo día él se ha arrepentido. Incluso ayer cuando le hablé por teléfono. Y el vuelve a recordar que alguna vez ambos dijimos que creíamos que volveríamos a estar juntos. Ahora cuando ha pasado el tiempo el ya no es el mismo, y puedo confiar en que me dará un buen consejo sobre alguien que podría estar cometiendo los mismos errores. Algo tenía que aprender.
¿Tenía que repetirse la historia? ¿Todo gay desenfrenado, solo, en búsqueda de olvido, de compañía y lo suficientemente caliente terminaría en un hospital con el peor diagnóstico para el resto de su vida?
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